¡Hola!

Me llamo Francesca y soy una Madre preocupada por el futuro de su hija.

También soy enfermera con una particular vocación para la prevención, la educación para la salud y el empoderamiento de la población.

 
Photo by @monstera_estudi

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Tuve la bendición de pasar muchos veranos de mi vida en el pueblo de mi abuelos maternos, en el sur de Cerdeña. Ahí aprendí a respetar la tierra y sus frutos; a respetar los animales y a convivir con ellos pacificamente. Mis abuelos eran campesinos y vivían de lo que cultivaban. Con ellos aprendí que la comida es sagrada, que todo se puede aprovechar y que en la naturaleza nada sobra, no existe el concepto de residuo: todo está perfectamente en equilibrio dentro del sistema.

El resto del año, lo pasaba en una gran ciudad, Roma, donde el ritmo era mucho más frenético y el contacto con la naturaleza más esporádico. Pero la semilla ya estaba creciendo y sabía que la sensación de incomodidad frente a un documental en que se mostraba como se taladraban los árboles en la selva amazónica, era solo el síntoma de algo más grande que estaba por venir.

Al principio de mis estudios universitarios, no veía ese hilo invisible que une las personas al entorno en el que viven. Mis profesores hablaban de estilos de vida, pero yo sentía que todavía el puzzle no estaba completo.

Hace 10 años empecé a cuestionar mi estilo de vida, mi forma de consumir, mi alimentación. Pasé un verano en Londres haciendo una estancia para preparar mi trabajo final de máster y al volver, me apunté y gané una beca Leonardo. Fue así que de Roma, me fui a Alicante.

Pasaron los años, de Alicante me fui a vivir a Barcelona; mi personalidad y mi responsabilidad frente al mundo en el que vivía, seguían evolucionando. Mi inquietud y curiosidad me empujaron a estudiar más en profundidad las causas primarias por las que nos enfermamos.

No hay evolución sin conocimiento, no hay amor sin respecto, no hay salud sin cuidado del entorno.

Tenemos dos casas, la Tierra y nuestro Cuerpo. ¡Cuidemoslas!

Todo me llevaba al entorno en el que crecemos. Tanto en micro como en macro sistemas, el medio ambiente resultaba ser la clave de lectura.

Todo lo que estudiaba indicaba que nuestra salud como especie depende estrictamente de la salud del planeta que habitamos y de la salud de todos los seres con los que lo compartimos.

Me di cuenta que la tendencia general, era la de separar la salud humana de la salud del medio ambiente, como si las dos cosas no fueran íntimamente conectadas.

Fue entonces que pensé que había que hacer algo para que la gente volviera a conectarse con la naturaleza y verla como parte de si mismo. Y así cuidarla, como se cuida a uno mismo. Pero no sabía quá hacer exactamente. Todavía no podía dar forma a ese deseo.

Cuando decidí ser madre empecé a estudiar cómo llevar un embarazo pleno y saludable. Como enfermera leía ávidamente todo lo que encontraba sobre el tema y como (futura) madre me sentía culpable descubriendo que muchas de las conductas que había tenido hasta entonces, quizás podían afectar la salud de mi futuro bebé. Fue muy intenso y ahora miro a esa mujer deseosa de ser madre, preocupándose por una pequeña persona que todavía no existía, con mucha ternura.

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Como decía Hipocrates “somos lo que comemos”, pero hoy en día también somos lo que respiramos, lo que bebemos, lo que absorbemos por nuestra piel o las radiaciones a las que estamos expuestos.

Nuestras casas, nuestro lugares de trabajo, las escuelas de nuestros hijos, hasta los parque infantiles y las zonas rurales, todo está impregnado de contaminantes sin olor, sabor o color, que no tienen efecto inmediato en la salud, sino que se acumulan para manifestarse en un momento dado de nuestra vida.

Mi objetivo es “hacer visible lo invisible”, compartir informaciones y facilitar herramientas para que podamos defendernos de estos contaminantes, proteger la salud de los que de nosotros dependen y gozar de una vida plena, saludable, sostenible y en armonía con el planeta que nos hospeda. La mía quiere ser una invitación a salir de la zona de confort, a hacer lo correcto, no solo lo que resulta más fácil y comodo.

Restablecer la conexión entre salud ambiental y salud humana es la forma que he decidido dar a mi deseo. A través de este espacio virtual me gustaría que los lectores reflexionarán, reconsiderarán, y re-pensarán algunos de lo hábitos más comunes, el uso y el consumo de los productos cotidianos.

Como cuenta Wangari Maathai, activista política, ecologista keniana y Premio Nobel de la Paz en el 2014, en el cuento del colibrí todos podemos hacer algo. Todos deberíamos hacer lo mejor que podamos.

Y es por eso que decidí no ser como los animales que miran el incendio quemar el bosque; seré el colibrí y haré lo mejor que pueda…  

¿Y tú?

Francesca